La Coctelera

EL CRITERIO

Blog de la Asociación Proyecto de Participación Política DEMOCRACIA

Categoría: Cooperación

29 Noviembre 2007

Un nuevo Plan Marshall para África

Llega 2008 y el Plan África (2006-08) del Gobierno navega al pairo, hace aguas por no pocos costados y hay serios avisos de naufragio que no se quieren tomar en cuenta. África no está saliendo a flote. Es el continente donde más fuerte golpea el hambre. En el mundo 850 millones de personas agonizan en estado de miseria, no comieron ayer, no han comido hoy y tampoco van a comer mañana: 100.000 personas mueren de hambre al día, cada 5 segundos fallece un niño por esta razón, mil millones de personas malviven para morir con menos de un dólar al día y 2.500 millones subsisten con menos de dos dólares, la ayuda Oficial al Desarrollo supera los 135.000 millones de dólares anuales, el año 2015 se acerca y la situación no cambia. Estas cifras y este sufrir golpean a África con mayor violencia si cabe.

África, un continente rico donde los haya, se ha empobrecido y se ha precipitado en la miseria debido a la corrupción de muchos de sus gobiernos nacionales, la emigración de sus profesionales cualificados, el expolio calculado realizado por algunas de las mayores empresas multinacionales, la proliferación de guerras locales, y la mala orientación -y peor gestión- de la Ayuda Oficial al Desarrollo otorgada. A esto hay que sumar el lastre de la deuda externa, algunas desacertadas actuaciones de grandes ONGs, el freno de las políticas antiliberales que los gobiernos africanos aplicaron tras la colonización y –paradoja- algunas de las medidas neoliberales impuestas desde organismos internacionales (FMI, BM, OCM) que han resultado inadecuadas.

Que África precisa de una atención y un cuidado excepcionales está fuera de toda duda. Y que España, una de las potencias económicas del mundo, debe comprometerse con el desarrollo económico, social y político africano (con la cabeza puesta donde se atisben tan bien los Objetivos de Desarrollo del Milenio-2015 como las cambiantes circunstancias geopolíticas e intereses económicos particulares que rodean a cada etapa y zona de su aplicación) resulta claro para todas las opciones políticas.

Pero para que este compromiso resulte eficaz y dé los resultados que se pretenden, tiene que ser coherente y estar bien cohesionado dentro de un proyecto global de la política exterior española. Y el caso es que puede dudarse con razón de que un proyecto así exista actualmente ni siquiera en esbozo

El Plan África del Gobierno Zapatero

El Plan África 2006-08 planteado el ministro de exteriores M.A. Moratinos se aprobó en un contexto desde el que resultaba difícil o casi imposible lograr resultados pragmáticos. La ausencia de una política exterior expresamente planificada para África era y es vergonzosa. La falta de conexión con planes internacionales de otras naciones de nuestro entorno era y es lamentable. La improvisación de medidas diplomáticas, económicas y de seguridad para su implantación y seguimiento siguen siendo el pan nuestro de cada día.

El Plan se ha echado a rodar acogiéndose al amparo sentimental de las buenas intenciones humanitaristas, pero la doble moral se asoma por cada uno de sus epígrafes. Se ha pretendido congeniar las ideas inconcretas de la “solidaridad”, la “paz”, “el medio ambiente”, orientadas hacia el área subsahariana, con medidas concretísimas aplicadas al interés estratégico del Golfo de Guinea para la “seguridad energética” de España y las “oportunidades de negocio” para las empresas españolas del sector. Y así no hay quien se aclare ni modo de saber qué se pretendía realmente con este plan en el que despuntan los lugares comunes del neocolonialismo de despacho. Este es el modo más seguro para prolongar la ambigüedad de nuestra política exterior africana: se termina por cooperar con gobiernos corruptos apelando a un tercermundismo ya trasnochado y sigue perpetuándose la situación de miseria. Nada cambia.

África aquí

Mientras tanto la emigración africana sigue llegando aquí, España es la puerta de entrada de Europa. A pesar de lo dramático de las imágenes de los medios de comunicación y del horror de las estadísticas de muerte en el paso del Estrecho, el cruce del Mediterráneo o la travesía del Atlántico, con el constante goteo de pateras y cayucos, la inmigración africana presenta otras perspectivas que comúnmente no se suelen tener en cuenta. Casi un 45% de los que llegan a España con intención de vivir y trabajar aquí proceden del entorno comunitario y sólo un 5% aproximadamente procede de África. Más del 90% de los inmigrantes que nos llegan no lo hacen por el mar, sino que vienen en avión o por carretera. Una buena parte de los inmigrantes no posee cualificación alguna, pero se estima que África pierde cada año 20.000 profesionales de la sanidad, enseñanza, ingeniería y otros sectores cualificados y universitarios. Éstos llegan a Europa dejando a sus respectivos países africanos sin suficientes médicos, enseñantes, técnicos, etc., en los lugares donde se los necesita con urgencia permaneciendo sus plazas vacantes (este es el caso de Cabo Verde, Gambia, Sierra Leona, Zambia, Malawi…).

Y cuando todos llegan aquí, vemos que sus condiciones laborales son precarias: sueldos bajísimos, jornadas de sol a sol y condiciones indignas en el contexto de una explotación intensiva y metódica. No se sabe qué se podrá hacer con ellos en caso de crisis económica y paro. No hay previsión de vivienda mínimamente digna. No hay ambulatorios rurales para asistencia médica cercana a la zona de residencia o se colapsan las más próximas. Y al final se tienen que adoptar in extremis medidas de asistencia social que nunca llegan a cubrir las necesidades reales de esta gente. Una parte se integra en la vida social y democrática española, pero no pocos constituyen caldo de cultivo para la marginalidad, la prostitución, el narcotráfico y en ocasiones puntuales el terrorismo islamista (no porque se asocie inmigración con delincuencia, sino porque los inmigrantes constituyen uno de los objetivos preferidos de las acciones de grupos de delincuentes, mafias y estafadores de toda laya).

La casa por barrer

En España la casa está por barrer. La inmigración es uno de los temas que más preocupa a la opinión pública. Partimos de una situación en la que ni siquiera se ha decidido cuál es el número de inmigrantes que podemos acoger, en qué sectores económicos, con qué cualificación, en qué zonas geográficas, bajo qué condiciones laborales… No hay una política migratoria definida. No están del todo claros cuáles son los requisitos necesarios para poder permanecer como residentes con permiso de trabajo en el país o para ser obligado a salir. No hay medidas de expatriación bien previstas y reguladas para casos de declarada peligrosidad, ni medidas policiales especiales diseñadas para zonas potencialmente conflictivas. Se adolece de medidas de seguridad para impedir el acceso a aguas territoriales por parte de traficantes de personas. No disponemos de fuerza disuasoria suficiente sobre los países que se prestan a servir de base para operaciones de emigración clandestina. Apelamos al sentimentalismo fácil para justificar la inacción y permitir que esta situación injusta e inhumana continúe, mientras unos cuantos espabilados sacan provecho económico de ello a costa de miles de inocentes vidas humanas.

Sin embargo, sería legítimo aplicar nuestro derecho a regular en mercado de trabajo en el que se insertan contratadores nacionales y trabajadores inmigrantes, a seleccionar los requisitos profesionales, a determinar su número de acuerdo a criterios de previsión y planificación. No es buena idea que esto se siga dejando en manos de medidas coyunturales movidas por corazones impresionados ante el drama externo e interno de la inmigración.

Es seguro que de esta forma no vamos a resolver los problemas globales que plantean las migraciones (el derecho de las personas a buscar medios y lugares para ganarse la vida y el deber que tienen de respetar las leyes de los países a donde se dirigen), pero al menos podríamos aprender a administrarlo en la porción que aquí nos toca antes de que el problema se nos haga inadministrable. Aún estamos a tiempo.

Si no se consigue que nuestra política migratoria esté bien coordinada con la de otros países con situación parecida a la nuestra, si no hay acuerdos de repatriación con los países de origen que incluyan medidas de sanción en caso de incumplimiento, si no se adoptan medidas suficientes de control y seguridad en las fronteras, si (nos guste o no nos guste) no se adoptan medidas disuasorias contra la entrada clandestina (lo que de acuerdo a la ley es un delito), si todo esto no lo hacen los partidos democráticos, no pasarán muchos años antes de que salte una extrema derecha dispuesta a explotar los instintos xenófobos más bajos. Serios avisos de ello nos llegan desde Europa.

Un nuevo Plan Marshall para África

África, aquí y a nuestro lado, va a seguir vertiendo cientos de miles de personas sobre nuestras costas y no es previsible que este flujo migratorio se detenga, sino todo lo contrario. Un asunto resoluble se nos puede convertir en un problema sin solución, tan sólo porque no somos capaces de actuar con previsión de futuro. Es por ello que a la vez que se adopta una política migratoria nacional que ataje los efectos de esta problemática desde todas las perspectivas posibles (social, laboral, policial, sanitaria, etc.), se hace preciso actuar en origen con el fin de amortiguar en lo que se pueda las causas del problema. África necesita un nuevo Plan Marshall.

Principios

Este plan debería desarrollarse a partir de al menos tres principios comunes. El primer principio básico es que la emancipación de África de las cadenas de la miseria ha de ser obra de los africanos mismos, o no será nunca. Son ellos los que tienen que realizar el esfuerzo, nosotros podemos señalar el camino y prestar nuestra cooperación a quienes así lo acuerden; pero los pueblos africanos pueden desarrollarse por sus propios medios. Si los países europeos nos limitamos a no cobrar intereses, condonar parte o toda la deuda externa, a suministrar fondos de ayuda (cosas que hay que hacer, pero del modo oportuno), pensando que así va a subir el nivel de vida de los países azotados por la emigración, las epidemias, el hambre o la guerra, y que entonces sus habitantes progresarán y decidirán quedarse en sus países sin poner un pie en Europa más que de visita turística, estamos totalmente equivocados. Todo lo que se conseguirá será que regímenes injustos y corruptos se vayan de rositas a su paso por los organismos internacionales que debieran condenarlos, que los servicios sociales mínimos estén sostenidos por la ayuda extranjera y que unos pocos privilegiados vivan a costa de la ayuda externa deleintándose con su fórmula: “que nos desarrollen ellos”. El paso del subdesarrollo al desarrollo económico implica un esfuerzo ímprobo por parte de los pueblos.

El segundo principio es que la historia nos demuestra que el desarrollo económico corre paralelo al desarrollo democrático. Si África quiere desarrollarse económicamente tendrá que hacerlo también en lo político. Y si la UE no quiere llevar a efecto este plan de forma concertada entre sus países miembros, entonces dejará la puerta totalmente abierta a que unos cuantos gobiernos y empresas medren a su gusto en un continente que de estar indefenso ante los colonialismos e imperialismos de occidente pase a estar indefenso ante los oscuros intereses del expansionismo islamista, chino o ruso. Unos cuantos harán buenos negocios sacando provecho de la situación pero los pueblos africanos no podrán desembarazarse de la miseria.

El tercer principio es que los científicos, investigadores, técnicos, ingenieros, profesores, etc., africanos deben ser implicados como protagonistas en el Plan. Por un lado aquellos que permanecen en los países africanos y por el otro –si lo ven claro- aquellos que han abandonado África y residen en países europeos. Esta es una manera factible de unir capital, técnica y trabajo en un objetivo común.

Medios

Este nuevo plan de cooperación debe estar abanderado por la Unión Europea y debe ser un plan de desarrollo económico independiente para países africanos que voluntariamente se avengan a cooperar con países europeos y reúnan condiciones mínimas:

1) Países que se comprometan al sostenimiento de un sistema democrático basado en la división de poderes, elecciones libres, libertad de prensa y comunicación, libertad económica, respeto a los derechos humanos…

2) Países que se comprometan a tomar medidas contundentes y verificables contra la emigración clandestina.

3) Países que se comprometan a tomar medidas contundentes y verificables contra la corrupción.

La implantación de dicho plan en un país supondría que la ayuda económica estratégica orientada al desarrollo queda supeditada al mantenimiento de tales condiciones. Es necesario disponer de medidas contundentes que hagan entender a los países que el cumplimiento de los acuerdos es mejor vía que su violación, ya que en ese caso se perdería la cooperación (aunque en ningún caso la ayuda de emergencias humanitarias).

Fines

La finalidad de este nuevo plan de cooperación es clara y sencilla: si hay democracia, habrá desarrollo económico y si hay desarrollo acabará la miseria. Tal vez no sea necesario acabar con la pobreza y a nadie se le ocurriría acabar con la riqueza; pero es una obligación que erradiquemos la miseria. La pobreza y la riqueza, en sí mismas nada tienen de malo, hay dignidad en ellas. Lo que es indigno de la condición humana es la miseria, al igual que lo es la opulencia. Opulencia y miseria son dos de los factores de la violencia, el terrorismo y la guerra. Una Europa volcada hacia África no será ni menos rica ni más pobre, simplemente ni Europa parecerá opulenta ni África padecerá miseria. Habrá garantizado su propia seguridad política cooperando a la aportación de seguridad alimentaria a los millones de hambrientos. La seguridad es un valor, un valor para todos; sobre todo cuando lo compartimos.

La responsabilidad del Partido Popular

Hay que dejarse de complejos de culpa occidentales y de dobles morales, ha llegado la hora de la responsabilidad. El Partido Popular, ahora en la oposición, tiene la obligación de ganar las elecciones. Pero al día siguiente de haberlas ganado tiene que haber madrugado para estar trabajando por un nuevo plan de cooperación donde ha fracasado el Plan África del gobierno Zapatero. Tiene que tener diseñado su propio plan y tiene que defenderlo y consensuarlo en la Unión Europea para que se pueda empezar a aplicar en el menor tiempo posible. Dicho plan no podrá ser un obstáculo para la salvaguarda de los intereses españoles en el continente africano, en nuestras aguas territoriales y fronteras; deberá ser coherente y estar bien cohesionado con otros planes comerciales, energéticos, militares, diplomáticos, culturales, etc., pero –eso sí- debe diferenciarse claramente del resto (a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César).

Hay muchas manos esperando en África un Plan de estas características dispuestas a echarse manos a la obra. También hay muchas otras dispuestas a boicotearlo. La lucha será dura, pero si empezamos a erradicar la miseria, pase lo que pase habrá merecido la pena.

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